Por Carlos Sánchez, coordinador regional de COTRADO ALAC 

A fines de agosto, en el distrito de Comas, al norte de Lima, un grupo de compañeras de la base de COTRADO ALAC se inscribió en cursos de acabados de prendas. La inscripción no es un detalle formativo menor: es la apuesta por volver a competir en un mercado ahogado por las importaciones baratas y amenazado por la inseguridad. Detrás de cada pijama para niños y de cada tejido hay una historia de reinicio, discapacidad y lucha.

La producción actual de las compañeras de Comas consiste en pijamas para niños. La inscripción en los cursos de acabados de prendas obedece a una constatación simple, pero dura: un mercado exigente solo abre espacio a quienes entregan productos de calidad. Una de las compañeras, adulta mayor, sabe que su producto tiene que estar bien terminado para poder sostenerse frente a la oferta importada. Para ella, el curso no es un ornamento; es la diferencia entre vender y no vender, entre sostener el oficio o abandonarlo.

Otra compañera ya está vendiendo los tejidos que elabora con el material que la organización le proporcionó para reiniciarse. Antes cosía sábanas, pero las importaciones las ofrecen a precios tan bajos que su producción quedó desplazada. Ella es sorda y su discapacidad no le abre puertas en el mercado laboral formal. Por eso, su sostén económico son estos trabajos que realiza en casa: los tejidos, los acabados y las entregas pequeñas y constantes. Su experiencia confirma una constante regional: el trabajo en domicilio por cuenta propia es, para miles de mujeres con discapacidad o sin opciones formales, la única fuente de ingresos.

La situación política y social obliga a las compañeras a estar “en constante sobresalto” ante los fiscalizadores municipales: si te agarran, te quitan. Pero el problema no se agota en la fiscalización. El sicariato ha llegado al comercio ambulante y a las trabajadoras en domicilio. No se puede andar con la mercadería en cantidad para entregar: te ven, te quitan, te siguen hasta tu casa y te amenazan para que pagues. La organización deja de ser solo un espacio formativo y se convierte también en una red de protección mutua.

Estas experiencias son la materialidad de lo que la declaración pública de COTRADO ALAC denuncia. Sin la ratificación y la implementación efectiva del C177 de la OIT sobre trabajo en domicilio, sin el cumplimiento del C190 sobre violencia y acoso en el mundo del trabajo y sin una revisión crítica de la R204 sobre la transición a la formalidad, estas trabajadoras quedan expuestas al abuso del mercado informal y al abandono del Estado.

Detrás de cada prenda está la decisión política de sostener un oficio en un país que aún no reconoce plenamente a las trabajadoras en domicilio. La experiencia de Comas es la prueba de que la declaración de COTRADO ALAC no es retórica, sino la traducción de una urgencia concreta.

Se adjunta declaración.

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