Por Sarbani Kattel, coordinadora de programas de HNI
En abril de 2025, HomeNet Internacional (HNI) lanzó su primer estudio mundial titulado "La situación de las personas trabajadoras en domicilio subcontratadas en las cadenas de suministro de la confección y el calzado" en Yakarta, Indonesia. Este estudio fue el primero de HNI en extenderse más allá de Asia, y que incorporó las perspectivas de países de América Latina, África y Europa del Este y Asia Central. Como parte del lanzamiento, una de las sesiones invitó a los participantes a mapear sus respectivas cadenas de suministro. El objetivo era analizar y reflexionar sobre las realidades que enfrentan las personas trabajadoras en domicilio subcontratadas dentro de estas cadenas en las diferentes regiones. Este ejercicio reveló importantes perspectivas sobre las estructuras, relaciones y vulnerabilidades presentes en los diversos contextos.
El trabajo invisible y los bajos salarios en el sur de Asia
En el sur de Asia, los participantes hablaron con vehemencia sobre la informalidad y los bajos salarios. Por ejemplo, en Pakistán, se destacaron los ingresos extremadamente bajos y desproporcionados de las personas trabajadoras en domicilio en comparación con el valor de mercado de los productos terminados. Un traje completo se vende entre ₹4,000 (USD 14) y ₹15,000 (USD 150) en tiendas minoristas. Sin embargo, quienes aportan un valor significativo al producto terminado reciben ₹8 (USD 0.028) por la costura completa; ₹2 (USD 0.007) por el dobladillo (una tarea que toma entre 15 y 30 minutos y requiere precisión); y ₹1 (USD 0.0035) por la costura de los botones. Las personas trabajadoras son conscientes de esta brecha, pero carecen de poder de negociación debido a su posición informal e invisible en la cadena de suministro.
En Nepal, las mujeres que producen artículos de lana intrincados, como gorros, ponchos y mitones, para la exportación, se enfrentan a problemas similares. A pesar del trabajo artesanal que requiere, un gorro que se vende por 17 dólares en Europa genera solo 80 rupias nepalesas (aproximadamente 0.58 dólares). Los acuerdos verbales, la capacitación inconsistente y la falta de transparencia en los precios colocan a estas cualificadas trabajadoras en domicilio subcontratadas en una posición vulnerable.
En Tirupur, Tamil Nadu, la cadena de suministro de la confección abarca desde el desmotado de algodón hasta la exportación. Las personas trabajadoras en domicilio —muchas de ellas antiguas empleadas de fábricas— se encargan de coser, bordar y etiquetar, pero ganan menos de la mitad del salario de fábrica por las mismas tareas. Mientras tanto, en Ahmedabad, las personas trabajadoras en domicilio ganan salarios bajos y conocen poco del producto final o del comprador.
En estos países, predominan los bajos salarios sin contratos, protecciones formales ni transparencia, un tema recurrente. Los participantes exigieron mejores salarios, reconocimiento legal, formalización de contratos y responsabilidad de la marca.
África Oriental: fragmentada, pero emprendedora
En Uganda, Kenia y Ruanda, las personas trabajadoras en domicilio funcionan como productoras autoempleadas, y elaboran bolsos, zapatos y prendas de vestir con materias primas compradas. Si bien gozan de cierta autonomía, la falta de precios colectivos, el reconocimiento de la marca y la competencia las expone a la explotación por parte de personas intermediarias, quienes optan por opciones más económicas. Empiezan a surgir iniciativas de organización, centradas en la estandarización de los precios y el acceso al mercado.
América Latina: trabajo reetiquetado y valor engañoso
Desde Argentina hasta El Salvador, las personas trabajadoras en domicilio se dedican a la producción y el etiquetado de prendas de vestir. Muchas informan que reciben una remuneración baja por reetiquetar productos importados de Asia como de fabricación local. Un ejemplo mencionado fue la práctica de importar productos (p. ej. prendas de vestir) de países como China, Vietnam o Bangladés a países latinoamericanos. Estos productos se reetiquetan posteriormente como si fueran de fabricación local, como "Hecho en Argentina" o "Hecho en Uruguay". Este reetiquetado suele ser realizado por las personas trabajadoras en domicilio en talleres informales, pero reciben una remuneración muy baja a pesar de formar parte de un proceso de marca engañoso que aumenta el valor del producto y el precio de mercado. El reconocimiento formal, los contratos transparentes y la estandarización salarial se destacaron como necesidades urgentes.
Sudeste de Asia: entre los mercados locales y las cadenas mundiales
En Vietnam, coexisten dos tipos de cadenas de suministro. Las cadenas locales permiten cierta negociación de precios y ventas directas, pero no ofrecen seguridad. Las cadenas orientadas a la exportación son más largas y explotadoras, e involucran a subcontratistas que distribuyen tareas a las personas trabajadoras en domicilio mediante acuerdos verbales. Sin recursos legales en caso de disputas, las personas trabajadoras en domicilio siguen en una situación de profunda precariedad. Tailandia presenta un ejemplo más estructurado, gracias a la Ley de Protección de las Personas Trabajadoras en Domicilio Subcontratadas aprobada en 2010. Por ejemplo, los grupos de personas trabajadoras en domicilio registradas que elaboran prendas de patchwork a partir de retazos de fábrica exigen un trato justo. Estos restos, que de otro modo se desperdiciarían, se reutilizan creativamente para hacer tela de retazos, que luego se devuelve a las fábricas para la producción final de la prenda. Si bien este modelo incluye controles de calidad y un pequeño fondo de bienestar, los participantes remarcaron la necesidad de incidir no solo por la paridad salarial mínima con las trabajadoras y los trabajadores de fábrica, sino en última instancia por un salario digno para las personas trabajadoras en domicilio.
En Filipinas, los nanoproductores coordinan cadenas de subcontratación de varios niveles que involucran hasta nueve niveles de personas trabajadoras. La producción es informal, los pagos son verbales y las plataformas como Shopee, Lazada y TikTok dominan las ventas, sin ventas directas desde los hogares o talleres. Los pedidos son procesados por el productor o sus socios logísticos. Ninguna parte del valor revierte en las personas trabajadoras.
Indonesia refleja esta informalidad: las marcas transfieren pedidos a contratistas, quienes delegan en líderes de grupo y las personas trabajadoras en domicilio. No existen contratos escritos entre las personas trabajadoras y los niveles superiores de la cadena de suministro, y las marcas rara vez imparten capacitación; las personas trabajadoras en domicilio subcontratadas deben aprender técnicas de producción de forma independiente, a menudo de forma autodidacta a través de YouTube. Si bien algunos grupos de personas trabajadoras en domicilio venden a compradores regionales, en gran medida permanecen al margen de las protecciones formales.
Serbia: la tradición se encuentra con la informalidad
En Serbia, las personas trabajadoras en domicilio subcontratadas tejen telas tradicionales serbias en telares de madera, pero se enfrentan a fuertes barreras fiscales que impiden su registro formal. Muchas venden sus productos a través de asociaciones o en el mercado negro para sobrevivir. El mismo producto genera la misma rentabilidad, ya sea elaborado en una fábrica o a mano, lo que plantea serias dudas sobre la equidad y el valor de la mano de obra.
Las demandas de las personas trabajadoras en domicilio:
Del ejercicio se desprendió que las cadenas de suministro diferían en su estructura, pero los desafíos eran sorprendentemente similares: informalidad, bajos salarios, falta de contratos, limitado poder de negociación y una importante extracción de valor por parte de las personas intermediarias. Durante la sesión, un mensaje quedó claro: mapear las cadenas de suministro es solo el comienzo. Lo que se necesita ahora es:
- Reconocimiento formal de las personas trabajadoras en domicilio en todas las regiones
- Contratos transparentes y aplicables
- Salarios dignos, no solo paridad salarial mínima
- Mecanismos de negociación colectiva y apoyo a la organización
- Cooperación regional para evitar la subvaloración y promover la competencia leal
Mientras las personas trabajadoras en domicilio en los distintos continentes continúan cosiendo, tejiendo, empacando y etiquetando las prendas y los productos de todo el mundo, las marcas mundiales, los gobiernos y los consumidores deben reconocer su trabajo, proteger sus derechos y compartir el valor de manera equitativa.