Escrito por Leslie Vryenhoek

Zhazgul Duishenova es una costurera que trabaja en su domicilio en Kirguistán. También acepta encargos de personas intermediarias. "Con ellas, todo depende de los pedidos", explica. Las personas intermediarias brindan las muestras y los materiales, pero también se quedan con al menos 50 som por cada prenda. 

Zhazgul es el sostén de su familia. Su esposo tiene problemas de espalda y no puede trabajar. El trabajo de Zhazgul la mantiene a ella, a su esposo y a sus tres hijos pequeños. A veces, la hija mayor (de 16 años) la ayuda a cortar o empacar. 

Ella confecciona pantalones y chaquetas para hombres y mujeres, aedemás de vestidos y blusas para mujer. Zhazgul dice que prefiere trabajar en su propia costura, en lugar de trabajar con una persona intermediaria porque “hay más beneficio”. 

Zhazgul utiliza los ingresos de su trabajo independiente para comprar más materiales, confeccionar más ropa para vender y mantener a su familia. La mayor parte de sus ingresos se destina a la compra de alimentos, así como a las medicinas de su esposo y a los gastos de educación (como los libros de texto) de sus hijos. Sin embargo, logró ahorrar lo suficiente para construir una valla de bloques de cemento alrededor de su casa y para comprar la escritura de propiedad del terreno donde se ubica la vivienda. 

Lo que Zhazgul más desea ahora mismo es un espacio separado fuera de su casa para trabajar. Su casa consta de solo tres habitaciones, y utiliza el recibidor para coser.

Zhazgul  fue la primera mujer en el Grupo “Bereke” en convertirse en una trabajadora en domicilio independiente. Empezó comprando pequeñas cantidades de tela y analizando el mercado local antes de decidirse a confeccionar pantalones de abrigo para la temporada de frío. Tomó como base los patrones de muestras, hizo 58 pantalones y los vendió en Naryn, donde nació.Luego recuperó el capital inicial. Del precio mayorista de 600 som por un par de pantalones, Zhazgul logró obtener una ganancia de 300 som. Esto contrasta con los 60 som que habría ganado confeccionando los mismos pantalones para una persona intermediaria. 

Ahora sigue trabajando para las personas intermediarias, pero cada vez realiza más trabajo por su cuenta. Aprendió a hacer patrones, una habilidad relativamente rara en su región. Zhazgul también confecciona uniformes escolares locales, y calcula el coste total y el beneficio neto por adelantado para asegurarse de obtener ganancias; una habilidad que aprendió en un taller ofrecido por la persona que dirige  el Grupo de Ayuda Mutua Bereke.Zhazgul compró una patente para la confección de artículos de costura y así legalizó su estatus.

“Ya no tengo miedo”, dice Zhazgul Con la venta al por mayor de sus 58 pares de pantalones, obtuvo una ganancia de 17,400 som (unos 200 dólares). Con ese dinero, llevó a su marido a una clínica privada para que le revisaran la espalda y compró la propiedad de su casa.